Categorías
Sin categoría

Encuesta «Mi experiencia con el coronavirus»

Con esta encuesta, la plataforma cuiDANDO (www.plataformacuidando.org) quiere conocer de primera mano cómo ha sido la experiencia de la sociedad española con el coronavirus y la crisis. Para ello te invitamos a contestar este breve cuestionario. Al terminar, recuerda pulsar la casilla de «Enviar».

Categorías
Sin categoría

Mal gobierno, pero buenas noticias

El trabajo callado y riguroso permite conocer con antelación la existencia del virus gracias al análisis de aguas residuales

Luis Ferreiro

 Mientras el gobierno insiste –“¡Viva el 8-M!”– y se las da de héroe, en el anonimato hay otras personas sin tantas pretensiones que trabajan en el silencio de los laboratorios y las bibliotecas, buscando soluciones ingeniosas a los males que atacan a la humanidad, mientras otros se dedican a unas refriegas ideológicas ante las cámaras que difícilmente disimulan su inutilidad.
Muchos lectores saben que trabajo en el Servicio de Salud Pública desde hace más de 20 años, gracias a eso me comunico con frecuencia con microbiólogos, epidemiólogos, químicos, farmacéuticos, médicos e investigadores, tanto del sector privado como del público. Pues bien, en todo este tiempo de aplausos a los sanitarios que tratan directamente a los pacientes, son muy pocos los que conocen la labor de los que tratan de impedir que haya enfermos, y no por quitarles el mérito y el protagonismo a quienes los cuidan.
La salud pública trata de impedir que se produzca el mal, su éxito consiste en que no pase nada, por tanto, que nunca seamos noticia, porque si lo somos seremos mala noticia. Sin embargo, por una vez adelantaré algo que va a ser noticia. Las fuentes son, en parte, del propio Ministerio de Salud y, sobre todo, de un amigo que desarrolla una investigación todavía en marcha, pero lo bastante avanzada para infundir esperanza y alguna certeza.En esencia, algunos investigadores de Murcia, Sevilla, etc., se lanzaron a tientas a un proyecto sin garantía de éxito, sin subvenciones, por cuenta propia. Sabemos que el virus infecta las células humanas de todo el organismo, llegando también a los intestinos. Desde ahí se excreta en las heces, que van al alcantarillado y pasan por una estación depuradora de aguas residuales (EDAR). La pregunta era si se podrían detectar los virus en las aguas residuales urbanas (ARU) y si seguían estando en las aguas residuales depuradas (ARD). La respuesta pasaba por tomar muestras a la entrada y salida de la EDAR, así que comenzaron a tomar muestras a primeros de marzo y aplicaron un método de análisis que permite el recuento de unidades virales.
Los resultados, de forma simplificada, han sido los siguientes: la cantidad de virus COVID-19 era altísima en los momentos álgidos de la epidemia, después, a medida que se iba controlando, las cantidades bajaban hasta que desaparecieron de algunas EDARes y por fin a mediados de mayo no se encontró ningún virus en ninguna EDAR. El significado, totalmente correlacionado con el descenso de los contagios, es claro: salvo en algunas zonas resistentes, la epidemia ha desaparecido; en algunos sitios desde hace un mes. Además, se ha demostrado que el tratamiento de las ARU es muy efectivo: el virus no sobrevive y, por tanto, no va a parar a las aguas naturales.
Pero si estos resultados son descriptivos, la mejor noticia es que los virus estarían en las ARU hasta con dos semanas de antelación a la fecha de aparición de los primeros enfermos con síntomas visibles, puesto que el virus se encuentra en los intestinos de las personas infectadas en periodo de incubación y en aquellos que nunca van a desarrollar síntomas. El hallazgo es un tesoro para la salud pública, porque supone un indicador anticipado capaz de alertar al sistema de salud y poner en marcha todos los mecanismos de prevención y protección de la salud, evitando muchos casos de enfermos y una fuerte presión sobre el sistema asistencial. Con todas las reservas de una investigación todavía en marcha, podemos pronosticar que, de haber una nueva crisis, no será como la que acabamos de superar.
“¿De superar?, ¿estás de broma?”, me dirá alguno. Sí, de superar: salvo en algunas zonas con retraso, está acabada; aunque seguirá habiendo casos individuales esporádicos, como fenómeno social está superada, aunque el gobierno vaya con retraso, como siempre.La que no está superada es la epidemia del miedo, alimentada interesadamente por un gobierno manipulador, que ha mentido todo el tiempo y que sigue mintiendo, para explotarla y continuar en un estado de anormalidad democrática en el que prevalece la propaganda ideológica. Quizás por eso, el Estado de Alarma, aprobado hasta el 21 de junio, se pretendía alargar hasta el 27 de junio, así al día siguiente el presidente podría decir “¡Viva el día del Orgullo Gay”!
En conclusión, una buena noticia: aunque hay que ser prudentes, hemos superado la epidemia del virus; y otra mala: no hemos superado la epidemia de la mentira del COVIerno.

Categorías
Sin categoría

Retos del cuidado residencial

Este jueves 4 de junio a las 19 h. tendremos un encuentro con Agustín Domingo Moratalla en el que dialogaremos sobre los retos del cuidado residencial tras la crisis del COVID 19.

Tema: RETOS DEL CUIDADO RESIDENCIAL
Hora: 4 junio 2020. Puedes unirte desde las 18:30 h. para comenzar puntualmente a las 19 h..

Unirse a la reunión Zoom
https://zoom.us/j/96505214552?pwd=c2VyOGpJeVI5ZXozYTlQN29wQlg1QT09

ID de reunión: 965 0521 4552
Contraseña: 639813

Categorías
Artículos Sin categoría

El factor humano (IV): Las residencias para personas mayores

Este tipo de asistencia social se ha convertido en un negocio y muchas de estas residencias eran concesiones públicas, o estaban financiadas por fondos públicos, pero eran gestionadas por sociedades mercantiles privadas: nacionales o multinacionales y fondos buitre controlan el 75% de los centros. El negocio mueve más de 4.500 millones de euros anuales, con un margen de beneficio en torno al 25%. Para aumentar su rentabilidad se construyeron grandes residencias (que son más baratas de gestionar), y no se cuidó la dotación de recursos técnicos y humanos que han demostrado ser deficitarios.

Por su interés, reproducimos este artículo de Miguel Barrueco, catedrático de Medicina de la Universidad de Salamanca y jefe de servicio de Neumología del Hospital Clínico de Salamanca publicado originalmente en La Crónica de Salamanca

-Papá, papá, ¿cuándo se hace uno mayor?
-Cuando mata a sus padres, hijo mío, cuando mata a sus padres.
-Y mientras tanto, ¿qué hacemos con los abuelos?
-Contarles un cuento y abandonarlos en el bosque
J. González (La visita).

Viejos, ancianos, seniles, provectos, abuelos, mayores, jubilados, pensionistas, retirados, tercera edad, yayos… El léxico utilizado para referirse a las personas mayores ha variado a lo largo del tiempo y refleja, en gran medida, la consideración o estatus social que se concede en cada época histórica y en cada cultura a la vejez (el lenguaje ni es neutro, ni inocente). Buen ejemplo de ello son los estereotipos literarios negativos (en los que predomina la caricatura), desde Cervantes hasta García Márquez, pasando por Moliere, y en el extremo opuesto las denuncias de marginación de Simone de Beauvoir y Norberto Bobbio o la reivindicación del envejecimiento activo de Rita Levi Montalcini y el optimismo vital de José Luis Sampedro.

Los términos utilizados reflejan estereotipos de los que se derivan prejuicios y, generalmente, discriminación contra estas personas.  El uso de uno u otro vocablo varía al referirse a un individuo concreto, de acuerdo con las expectativas sociales y culturales y con la posición social y económica de cada persona.  En nuestro tiempo hemos estado más pendientes de la mayor o menor corrección semántica, de lo políticamente correcto o incorrecto de los términos utilizados para referirnos a ellos, que de la consideración que merecen por su aportación al avance de la sociedad actual.

En la época del desarrollismo y el consumo sin control, con la rotura de los lazos familiares tradicionales, los viejos carecían de utilidad y se encontraban en cierta situación de aislamiento familiar y social, vivían fuera del tiempo: de su tiempo y del de sus hijos, de nuestro tiempo. Como señalaba recientemente en El País el filósofo alemán Hartmut Rosa “se los abandona como no pertenecientes al tiempo presente y se los relega en su debilidad, encerrados en residencias y apartados de la vida social. De hecho, el coronavirus nos proporciona una justificación para este abandono”, así “se amplifica una tendencia de nuestras sociedades que viene de lejos; la distancia social y temporal se traduce en distancia física, se rompe la cadena entre generaciones, se profundiza la marginación y se aumenta el alejamiento”.

Es cierto que en ocasiones hay que hacer de la necesidad virtud. Con la llegada de la crisis económica recuperaron cierto protagonismo dado que volvieron a ser necesarios, para ocuparse de los nietos e, incluso, para contribuir con su exigua pensión al mantenimiento de los miembros de la familia que habían perdido el empleo.

Estos días están nuevamente de actualidad y ocupan cabeceras de periódicos por la muerte de muchos de ellos víctimas de la Covid 19 en las residencias donde vivían. Los titulares han mostrado sesgos ideológicos al referirse a estas instituciones, aunque el término más ampliamente utilizado ha sido el de residencias de ancianos, reservando el término de residencias de la tercera edad para centros de más alto standing. Afortunadamente otros utilizados en el pasado como asilos o geriátricos, parecen desterrados.

Resulta insufriblemente escandaloso el rifirrafe político entre distintas administraciones y partidos referido a la alta mortalidad que ha tenido lugar en estas residencias, cuando hasta ahora nadie se había preocupado mucho de la calidad de los servicios ofrecían a sus residentes: cuidados sanitarios, comodidad, limpieza, alimentación, ocio…. Es decir que trato recibían y que grado de satisfacción tenían.

En realidad, este tipo de asistencia social se ha convertido en un negocio y muchas de estas residencias eran concesiones públicas, o estaban financiadas por fondos públicos, pero eran gestionadas por sociedades mercantiles privadas: nacionales o multinacionales y fondos buitre controlan el 75% de los centros. El negocio mueve más de 4.500 millones de euros anuales, con un margen de beneficio en torno al 25%.  Para aumentar su rentabilidad se construyeron grandes residencias (que son más baratas de gestionar), y no se cuidó la dotación de recursos técnicos y humanos que han demostrado ser deficitarios. Todo ello se ha visto facilitado por la falta de control por la administración y por los familiares y por la gran demanda existente (hay un déficit estructural en torno a 100.000 plazas), que garantiza la ocupación de las existentes, independientemente del tipo de cuidado que se preste.

Sería muy interesante disponer de un estudio que revele la relación de la mortalidad, con y sin Covid, en cada uno de estos centros, con el tipo de cuidados que habitualmente reciben sus residentes. Nunca se ha hecho y previsiblemente no se hará, porque atenta contra el modelo de negocio.

Todo ello ha aflorado a la luz cuando se ha producido una enorme cascada de fallecimientos entre las personas que las habitan, cuando se han mostrado a la luz pública como un “moridero”, pero, aunque su situación no es nueva, hasta ahora no había ocupado ningún espacio en las preocupaciones públicas, ni tenido ningún reflejo en los medios de comunicación social, ni en los programas electorales de los partidos.

Es preciso repensar el modelo asistencial de España, es necesario disponer de un modelo socio-sanitario integrado e integral, donde las residencias no se conviertan en “aparcamientos de viejos”, donde en vez de respirar tristeza esperando el final de la vida se pueda pensar en un periodo de la vida diferente, un porvenir, si no en plenitud, con otras cosas aún por hacer,  donde sea posible el pensamiento de José Luis Sampedro: “En el umbral de los ochenta ya va siendo la hora de empezar de nuevo”.

Un modelo socio-sanitario integrado ofrece mejores cuidados y calidad de vida, y además es más eficiente, pues reduce parte de los elevados costes de los grandes hospitales y centros sanitarios. Son precisos espacios intermedios con menor coste, como hospitales de crónicos o residencias asistidas que, por lo general, están más próximas al domicilio familiar de las personas que necesitan de sus servicios, lo que contribuye a mantener la relación con su propio medio y evita el aislamiento.

Para ello, es necesario cambiar la concepción personal, familiar y social acerca de la vejez y también de este tipo de residencias, es necesario cambiar el modelo, pero desde luego es imprescindible, yo diría que urgente, que dejen de ser administradas y gestionadas por empresas nacionales o internacionales que solo buscan el beneficio inmediato y consideran a las personas mayores como un objeto de lucro, no muy diferente de un ladrillo o un coche. Es preciso que tanto el sector público como el privado demuestren unos estándares de calidad, que disponen de los recursos humanos necesarios para garantizarlos y, también, que sean inspeccionadas frecuentemente para examinar que los cumplen.

Cicerón en De Senectute, escribe que a pesar de las limitaciones que lleva aparejadas, la vejez puede ser un periodo gratificante de la vida: “La gran edad, especialmente cuando se honra, tiene una influencia tan alta que otorga más valor que todos los placeres anteriores de la vida”.

Las proyecciones para los próximos años señalan el envejecimiento marcado de la pirámide poblacional, lo que convierte en una necesidad urgente atender dignamente a este segmento de edad y esta necesidad debería ser abordada por todos: individuos, sociedad y administraciones públicas, como una prioridad personal, familiar, social y política. Para ello será necesario cambiar la visión de la vejez y el modelo de atención a las personas mayores.

Categorías
Sin categoría

cuiDANDO ante el coronavirus

La plataforma cuiDANDO surgió a principios de 2020 como respuesta a la propuesta de ley de la eutanasia en el Congreso de los Diputados. Colaboró en la reedición del libro Seducidos por la muerte, y en diversas presentaciones de dicho libro, y redactó un manifiesto que se puede leer en https://plataformacuidando.org/ y que recoge ya más de cien adhesiones de personas de distinta procedencia, adscripción ideológica, dedicación profesional o credo. 

Ante la crisis sanitaria del coronavirus hemos mantenido diversas reuniones online para perfilar una posición y una acción de la plataforma ante la situación que ha causado miles de muertes y una crisis económica en nuestro país.

en este momento estamos trabajando en dos líneas: 

  1. realizar una encuesta online, que puedes contestar pinchando aquí, dirigida a explorar cómo han vivido esta crisis las familias y los trabajadores esenciales y cómo han influido los condicionantes sociales y políticos en ello.
  2. realizar un posicionamiento de la plataforma ante la crisis del coronavirus que recoja, tanto las reflexiones que vamos haciendo sobre la crisis, como las respuestas obtenidas en la encuesta online. De esta manera, trataremos de aportar nuestra perspectiva de esta situación.

para ello te invitamos a contestar este cuestionario y a difundirlo entre el mayor número de personas posible. 

Si deseas recibir información del resultado de este cuestionario, no te olvides de dejar tu correo electrónico en el cuestionario.

Categorías
Sin categoría

Humanizar el fin de la vida

Valencia 19 de abril 2020. Semana 5 de aislamiento

            Cinco semanas de aislamiento, mejor soportadas de lo que podríamos haber imaginado… estamos como conteniendo la respiración cuando buceamos, la sensación de que falta el aire se acentúa, pero vamos viendo la luz al final del túnel. Sabemos que vale la pena, que parte del éxito de tener la pandemia estabilizada depende de cada uno de nosotros, que hemos aceptado ser privados de libertad individual para bien de la colectividad. Toda una lección de comportamiento que nuestros hijos están aprendiendo para la nueva sociedad que emergerá y que tendrán que liderar ellos.

            Que haya cada vez más casos de COVID-19 produce incluso alivio, pues son muchísimos los asintomáticos, es mayor la población que puede quedar inmunizada. Las cifras de curados nos alientan, es posible superarlo, tener un test positivo no es una condena. Pero lo que nos martillea cada mañana es la cifra de muertos. Son más de 20.000 las familias que han perdido un ser querido en España. Y esto no ha acabado. Estamos oyendo testimonios desgarradores de lo que supone morir de esta enfermedad. No es solo el hecho de llegar al fin de la vida, pues más de la mitad de los fallecidos eran ancianos que ya sabían que estaban al final de su viaje, y éste ha sido el desencadenante. Casi nadie quiere morir, pero cuando se ha recorrido un largo tramo de la vida, cuando el cuerpo comienza a naufragar con la vejez, la muerte no es un enemigo. Se teme al proceso de morir, al sufrimiento de ese periodo desconocido, no tanto a la muerte en sí, que se acepta con bastante serenidad y naturalidad. Más traumática es la muerte de personas no tan mayores, siempre llega demasiado pronto.

            Pero lo que está causando mucho sufrimiento añadido en esta pandemia es la forma de morir. Hace dos días la suegra de una amiga tenía que ingresar con síntomas de COVID-19. El sufrimiento surgía de la incertidumbre y el miedo de no volverla a ver. El riesgo de contagio obliga a dejar a tu ser querido en una habitación aislado, con las mejores atenciones, pero sin poder estar a su lado. La información que llega de su estado es escasa. Si empeora no se le puede acompañar, si siente que puede morir no se le puede dar la mano, no puede tener a su lado a sus seres queridos. Si muere se pueden tardar semanas en recuperar las cenizas ante la avalancha de cadáveres para incinerar. Si se puede hacer un entierro la norma no permite asistir a más de tres personas…

            ¿Qué está ocurriendo? Algo no estamos haciendo bien. Hay que entender el inmenso esfuerzo de los sanitarios y las autoridades ante una situación nunca antes vivida y que desborda todas las previsiones. Cuando había cientos de personas en las urgencias de muchos hospitales, contagiándose unos a otros y a los sanitarios que carecían de lo imprescindible para protegerse, el panorama era el de un campo de batalla. Se comprende la prioridad de dar atención, oxígeno y tratar de salvar la vida del mayor número posible de personas. Pero se han vivido situaciones terribles, cuando ha habido que decidir a quién ingresar en la última cama de intensivos entre varias personas que lo necesitaban. Los médicos tenemos que enfrentarnos a decisiones muy difíciles, pero nadie nos ha entrenado para elegir a quien dejar morir por no tener medios. Muchos compañeros necesitan apoyo psicológico por experiencias que nunca olvidarán. El criterio de edad se impuso para decidir quién merece vivir y quien no. Durante varias semanas, en Italia y en España hemos oído que no se intubaba a los mayores de 70 años. Un dilema ético de primera magnitud que cuestiona cuál es el valor de la vida. Algo que ocurre más de lo que pensamos. Compañeros médicos de países emergentes tienen que elegir a qué paciente dan radioterapia y a quien no para intentar curar un cáncer porque no tienen máquinas suficientes para tantos casos.

            El dilema que se plantea es si la vida pierde valor por la vejez, un tema en pleno debate en nuestra sociedad apenas hace dos meses. Viktor Frankl recuerda que la utilidad para la sociedad no es la medida que da valor a un ser humano, que una anciana inválida, rodeada del cariño de sus hijos y nietos se convierte en una abuela, lo que la hace tan irremplazable como lo es otra persona cualquiera en su trabajo cotidiano. O si queda poco tiempo que vivir ¿acaso la vida ya no vale la pena? Si la vida perdiera su sentido en algún momento, no valdría la pena vivir. Obviamente el médico tiene la tarea de elegir, si no dispone de más medios, pero será en base a la expectativa de recuperación que tenga esa persona frente a la otra, una decisión médica. Queda claro que la edad no puede ser el referente. Y por difícil que sea esa decisión, se puede compartir con el paciente, como el caso en Italia de un sacerdote y una mujer embarazada, ambos requerían ir a una UCI y solo quedaba una cama. Fue el sacerdote quien pidió que ingresaran a la mujer primero. Su muerte ha sido un testimonio impactante de lo que significa dar la vida por amor al prójimo.

            Y el otro debate es la necesidad de dar algo más que cuidados físicos. Muchas personas han muerto en soledad, separadas de sus familias, añadiendo un sufrimiento no ya emocional sino espiritual ya que es muy difícil entender qué sentido tiene perder a un ser querido de forma tan brutal. Algunos médicos aconsejan no ingresar en un hospital a un anciano que no va a ser intubado, facilitando una sedación en casa, en su habitación, rodeado de la familia y con la serenidad de una muerte dulce. Ahora que la batalla más trágica ha pasado, es el momento de recordar que los enfermos necesitan algo más que cuidados físicos, medicinas y respiradores. Que necesitan tener al lado a un familiar, al menos, que puede requerir un acompañamiento por un psicólogo experto en final de vida, de un sacerdote o un asistente espiritual que le permita la reconciliación necesaria para alcanzar la paz en esos momentos finales y únicos. Es verdad que no había EPIs suficientes ni para los sanitarios, pero, ahora que podemos controlar la situación, hemos de comprender que humanizar el fin de vida es tarea tan importante como intentar salvar la vida. Hemos visto testimonios de sanitarios que han hecho las veces de la familia, hay un proyecto de humanizar las UCIs para permitir la cercanía de los seres queridos. Cada persona es única e irrepetible, y más allá de los números, necesarios para tomar decisiones, la calidad de la asistencia la da el trato humano, no sólo técnico. Hay que dejar que todos los familiares más cercanos puedan acompañar en un funeral, manteniendo la distancia preventiva, no solo imponer una norma dictada en un despacho. No debemos añadir sufrimiento al que ya es inevitable. Esa tarea elevará el nivel de calidad y ética de la sociedad que estamos construyendo.

José Luis Guinot Rodríguez

Médico Oncólogo

Presidente de la Asociación Viktor E Frankl de Valencia

Categorías
Sin categoría

Los Derechos de las Empleadas de Hogar en Estado de Alarma

El pasado 30 de marzo se celebró el día internacional de las trabajadoras empleadas del hogar. Unos pocos días más tarde, el 4 de Abril, la asociación Encuentro y Solidaridad organizó una charla on line titulada “Los Derechos de las Empleadas de Hogar en Estado de Alarma”, con la colaboración de Carolina Elías, presidenta de la asociación SEDOAC (Servicio Doméstico Activo).

Categorías
Sin categoría

«Seducidos por la muerte». Un libro para entender cómo funciona la eutanasia.

Acaba de ser reeditado en la editorial Mercurio la traducción al castellano de un clásico sobre el suicidio asistido y la eutanasia. Es la obra en que se basó el Tribunal Supremo de los Estados Unidos para establecer que no existe derecho constitucional al suicidio asistido: “Seducidos por la Muerte” de Herbert Hendin. Editorial Mercurio.

No es una obra cualquiera sobre la eutanasia. Es el informe serio y científico del director médico de la Suicide Prevention Internacional , y catedrático de psiquiatría del New York Medical College, que frenó a la administración Clinton cuando se disponía a sacar una ley financiada con fondos federales y el autor fue llamado a declarar, resumiendo su obra, ante el Congreso. Herbert Hendin se había desplazado antes a Holanda para estudiar la viabilidad de esta práctica, pero el resultado fue este informe devastador, recogido en un libro que se lee como novela, aunque desgraciadamente no novela de ficción. Por eso, esta obra ha llegado a ser un auténtico acorazado contra la difusión de esta práctica de la que Meter Admiraal, uno de sus líderes en Holanda ha afirmado que “en aproximadamente veinticinco años, Europa puede recurrir a la eutanasia para abordar los problemas de demografía y envejecimiento”, aunque que se alegra de no estar entonces para verlo.

Una cosa es el debate social en los medios sobre este tema, casi siempre en torno a un caso límite (que nunca debería servir de base para la legislación, reguladora más bien del caso general, pues sin solución de continuidad y yendo de un caso límite a otro caso límite, y así sucesivamente, se puede llegar a todo). Y otra cosa es el estudio serio de los resultados de la eutanasia en un país, con vistas a implantarlo en el propio.

Ese estudio es lo que aquí es presentado, y es de agradecer que se haya hecho de forma muy amena, entremezclando la frialdad de los grandes números con la pasión de muchos relatos narrados con gran viveza y humanidad. Resultan también muy ilustrativas las conversaciones del autor con los principales promotores de la eutanasia en Holanda, que van sazonando toda la obra.

Categorías
Sin categoría

Posición política del Partido Comunista Portugués sobre provocar la muerte anticipadamente

http://www.pcp.pt/posicao-politica-do-pcp-sobre-provocacao-da-morte-antecipada

24 de mayo de 2018

1. El debate sobre la introducción legal de la posibilidad de provocar la muerte anticipadamente no corresponde al debate sobre las hipotéticas opciones o consideraciones individuales de cada persona ante las circunstancias de su propia muerte. Es, sí, una discusión de opciones políticas de mayor complejidad y con profundas implicaciones sociales, de comportamiento y éticas.

La legalización de la eutanasia no puede presentarse como una cuestión de opción o reserva individual. Incluir en la Ley el derecho a matar o matarse a sí mismo no es un signo de progreso, sino un paso hacia el retroceso de la civilización, con profundas implicaciones sociales, de comportamiento y éticas que cuestionan elementos centrales de una sociedad que se guía por los valores humanistas y solidarios. 

La idea de que la dignidad de la vida está garantizada por la consagración legal del derecho a la muerte anticipada merece el rechazo del PCP.

La oposición del PCP a la eutanasia tiene su fundamento en la preservación de la vida, en la utilización de avances técnicos y científicos (incluida la medicina) para asegurar un aumento de la esperanza de vida y no para acortarla, en la dignificación de la vida en vida. Es esta consideración del valor intrínseco de la vida la que debe prevalecer y no la de la valoración de la vida humana en función de su utilidad, intereses económicos o patrones discutibles de dignidad social.

2. La invocación de casos extremos, para justificar la inclusión en la Ley de la muerte anticipada presentándola como un acto de dignidad, no es un camino adecuado para la reflexión que se requiere. En algunos casos puede expresar juicios motivados por la propia vivencia, concepciones individuales que deben ser respetadas pero también es, para una parte de sus promotores, una introducción del tema en busca de protagonismos y agendas políticas promocionales.

La ciencia ya cuenta en la actualidad con recursos que, si se utilizan y son accesibles, permiten reducir o eliminar el sufrimiento físico y psicológico. En asuntos que tienen que ver con el destino de su vida, cada ciudadano ya dispone hoy de instrumentos jurídicos (de los cuales el «testamento vital» es un ejemplo, sin menospreciar sus límitaciones) y la soberanía en su decisión individual sobre la abstinencia médica (nadie puede ser obligado a someterse a ciertos tratamientos contra su voluntad). La práctica médica garantiza la no prolongación artificial de la vida, respetando la muerte como un proceso natural rechazando su prolongación a través de la obstinación terapéutica. Hay una diferencia sustancial entre mantener artificialmente la vida o anticipar deliberadamente la muerte, entre disminuir o eliminar el sufrimiento en la enfermedad o precipitar el final de la vida. 

3. En un contexto en el que el valor de la vida humana se relativiza a menudo de acuerdo con criterios de utilidad social, intereses económicos, responsabilidades y cargas familiares de gasto público, la legalización de la provocación de la muerte anticipada añadiría una nueva dimensión de los problemas. 

Desde luego, contribuiría a la consolidación de las opciones políticas y sociales que conducen a esta desvalorización de la vida humana e introduciría un problema social relevante resultante de la presión para encaminar a la muerte prematura a todos aquellos a quienes la sociedad rechaza la respuesta y el apoyo a su situación de particular fragilidad o necesidad. Además, la legalización de esta posibilidad limitaría aún más las condiciones para que el Estado promueva, en el ámbito de la salud mental, la lucha contra el suicidio.

4. El principio de igualdad implica que a todos se les reconozca la misma dignidad social, y no es legítima la interpretación de que una persona «con una lesión definitiva o enfermedad incurable» o «en el sufrimiento extremo» se vea afectada por tal circunstancia en la dignidad de su vida. Y más aún que sea invocada para consagrar en la ley el derecho a la muerte, ejecutada en base a una Ley de la República.

La vida no sólo es digna cuando (y mientras tanto) puede ser vivida en pleno uso de las capacidades y las facultades físicas y mentales y la sociedad debe asegurar las condiciones para una vida digna en todas las etapas de la vida humana, desde las menos autónomas (ya sea la infancia o la vejez ) a las de mayor autonomía; en presencia de condiciones saludables o enfermedades; dentro de la plena integridad de las facultades físicas, motoras o intelectuales, o de una discapacidad más o menos profunda, congénita o sobrevenida. 

Lo que se requiere es que el progreso y el progreso de la civilización y el aumento de la esperanza de vida resultante de la evolución científica sean utilizados para garantizar una vida con condiciones materiales dignas en todas sus etapas. 

5. El PCP afirma su oposición a una legislación que institucionalice la provocación de la muerte anticipada, sea cual sea la forma que asuma -previa solicitud en forma de suicidio asistido o eutanasia-, así como cualquier propuesta de referendum al respecto.

El PCP continuará luchando para concretar, en el plano político y en el legislativo, las medidas que respondan a todas las necesidades de los usuarios del Servicio Nacional de Salud, espcialmente con un serio fortalecimiento de las inversiones en cuidados paliativos, inluyendo los domiciliarios; para garantizar el derecho de cada persona a negarse a  someterse a determinados tratamientos; para asegurar que la práctica médica no prolongue artificialmente la vida; en el desarrollo, la mejora y el derecho de acceso de todos al uso de los recursos que la ciencia puede poner a su disposición, para garantizar a cada uno, hasta el límite de la vida, la dignidad debida a cada ser humano.

6. Esta es la concepción profundamente humanista de la vida que el PCP defiende y toma cuerpo en su proyecto político de progreso social. Una concepción que no renuncia a la vida, que lucha por unas condiciones de vida dignas para todos y exige políticas que las aseguren desde el momento presente por medio de las condiciones materiales necesarias en la vida, el trabajo y la sociedad.

Ante los problemas del sufrimiento humano, de la enfermedad, de la deficiencia o de la incapacidad, la solución no es desresponsabilizar a la sociedad promoviendo la muerte anticipada de personas en estas circunstancias, sino el progreso social para asegurar condiciones para una vida digna, utilizando todos los medios y capacidades sociales, la ciencia y la tecnología para mitigar el sufrimiento y las enfermedades y garantizar la inclusión social y el apoyo familiar.

La preservación de la vida humana, no la renuncia a la vida, es un patrimonio que integra el humanismo real -y no solo de palabra-  y que el PCP asume en los principios y en la lucha.

http://www.pcp.pt/posicao-politica-do-pcp-sobre-provocacao-da-morte-antecipada