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Máteme, doctor.

Por su interés reproducimos este artículo de Mónica Lalanda, médico. La entrada original puede leerse en https://medicoacuadros.wordpress.com/2021/03/20/mateme-doctor/

Soy atea. No creo en sacrificios ni en ganancia a través del sufrimiento. No creo en la vida después de la muerte.

Creo fervientemente en el derecho de cada persona a hacer lo que quiera con su vida, respeto la libertad personal de acabar con tu propia existencia. No hablo por nadie, no represento a nadie, mi voto ha basculado hasta ahora entre Ciudadanos y PSOE.

Soy médico, mi función en la sociedad es tratar la enfermedad, acompañar al enfermo, consolarle y aliviar su sufrimiento. Sin embargo, a partir de hoy, me asignan la función de ser quien acabe con la vida del paciente que lo pida. Hoy, matar se convierte por decisión política en Acto Médico. Yo me rebelo.

El término “muerte digna” ha sido secuestrado de su significado real. Toda muerte debe ser digna y todo médico debe hacer todo lo que esté en su mano para favorecerlo. Muerte digna es morir sin dolor, sin asfixia, sin soledad, sin sufrimiento y en el lugar elegido. La muerte digna incluye también permanecer sedado mientras llega la muerte. Muerte digna es vivir con dignidad hasta el último suspiro.

En esa conversación social rota que llevamos años viendo, transpira una confusión completa de términos, no solo el ciudadano de a pie sino comunicadores, periodistas, políticos e incluso profesionales sanitarios. El ruido es ensordecedor pero si uno escucha y reflexiona sobre lo que se habla , es fácil darse cuenta de una serie de cosas.

En primer lugar, se pide a voces eutanasia como sinónimo de muerte digna, Se expresa la injusticia de morir con dolor, con sufrimiento., reclamando una buena muerte. Se pide eutanasia cuando, con frecuencia, lo que se que está pidiendo es una sedación paliativa o una sedación terminal. La gente cuenta los horrores de cómo murió su padre o su mujer, con días y horas terribles reclamando que eso se evite a través de la eutanasia. La muerte digna, la buena muerte no son sinónimos de eutanasia, la muerte digna es una buena muerte. La Medicina está ya capacitada para facilitar la muerte cuando esta es ya inevitable, sin causarla.

Cuando se habla de la necesidad de eutanasia se pone siempre como ejemplo el caso de Ramón Sampedro que se llevó al cine. Casos terribles como el suyo, de personas que pasan por accidente o enfermedad degenerativa a ser 100% dependientes y deciden que quieren acabar con su vida, requieren sin duda alguna una salida humanitaria y digna. La preocupación de Sampedro y otros casos mediáticos similares ha sido la de evitar consecuencias legales a quienes les ayudaran a suicidarse. En el caso de Sampedro contó con la ayuda de 11 seres queridos. La despenalización del suicidio asistido sería una solución justa y válida. En el año 2021, obtener información y medios para acabar con tu vida en la era de internet no requiere la mediación de nadie fuera de tu círculo íntimo. Desafortunadamente esto lo demuestran las cifras, en España se suicida una persona cada dos horas.

Los términos utilizados para delimitar quién podrá acceder a este nuevo servicio es laxo: “sufrir una enfermedad grave e incurable o un padecimiento grave, crónico e imposibilitante que le cause un sufrimiento intolerable“. No hemos mirado a lo que ocurre en los otros cuatro países que ya tiene regulada la eutanasia y donde las indicaciones mucho menos amplias que estas se han deteriorado hasta límites irreconocibles. En Holanda se está planteando aceptar peticiones de “personas mayores cansadas de vivir“. La pendiente resbaladiza, un término que tanto se usa para describir la degeneración de estas leyes en los otros países, se ha ignorado. El riesgo de una ley como esta es la terrible desigualdad que creará, una posibilidad siempre abierta a los más vulnerables y a los más desfavorecidos. En esta cadena, ¿cómo podrán los médicos a los que se incluye en la valoración de cada caso convertirse en jueces de cómo de insoportable es un sufrimiento o cómo de imposibilitante es un padecimiento psicológico? ¿Cómo podrán los médicos, cansados, desanimados, maltratados y rotos mantener la confianza de sus pacientes ante este tipo de decisiones tan dolorosas? Es una posición imposible para quien dedica su vida a intentar entender y ayudar a la gente. Ahora convertidos en medidores del sufrimiento y tolerancia ajena.

Hay que mirarse al espejo profesional y aceptar que el clamor para pedir ley de eutanasia es en parte culpa nuestra, de esa medicina atolondrada, agresiva, sin límites que practicamos hace décadas, de la obstinación terapéutica, los excesos, del encontrar más fácil intentar un ensayo nuevo que confrontar al paciente con la idea de que se está muriendo. De una medicina cada vez más tecnológica y menos humana, hospital-centrista. Quien ha vivido la muerte de su madre con un cáncer con tratamientos más allá de lo razonable, sin poder disfrutar del final de su vida, quien sufre a su abuelo con demencia y un tubo nasogástrico para alimentarle, quien observa a su padre de 90 años encamado y triste y sus 35 pastillas, …¿cómo no va a reclamar un final más dulce?

Personalmente me espantan esas situaciones. He escrito varias veces sobre esto. Es imprescindible hacer una crítica a la manera en la que muere demasiada gente, llevamos propiciando una muertes tan malas que la sociedad asocia el proceso de morir con el ensañamiento terapéutico y quieren darlo la espalda. La eutanasia no es la solución a la mala medicina, es su consecuencia. Que se considere la eutanasia una liberación de una medicina enloquecida, es una tragedia que deberíamos encarar como profesión. La idea es devastadora. Esta viñeta de Gallego y Rey con motivo de la ley es muy clarificadora.

La eutanasia como liberación de la propia medicina. Esto no requiere eutanasia sino adecuación del esfuerzo terapéutico, no requiere matar sino dejar morir en paz.

Es interesante que los propios médicos elegimos morir de distinta manera que el tipo de muerte que ofrecen a sus pacientes. Existen varios estudios que así lo reflejan. Esto es más triste todavía pues demuestra conciencia de la mala muerte que practicamos con nuestros pacientes pero que no queremos para nosotros mismos.

Y ahora en términos prácticos, los tiempos que observa esta ley no son razonables, el SNS está hundido, destruido, a mínimos. Encaramos la ironía que sea mucho más fácil una cita para valorar tu muerte que ponerte una prótesis de cadera por dolor imposibilitante, o una cita con el cardiólogo. La única manera de que esto prospere es invirtiendo grandes cantidades de dinero, pero ¿es eso justo? Los medios son limitados, ¿ tiene más derecho alguien que pide eutanasia que alguien con cáncer, o una persona que con terribles dolores de espalda o un paciente que necesita un caro desfibrilador interno? ¿Veremos una inyección de dinero como la que mantiene el exitoso sistema de trasplantes? ¿Se acabará privatizando? Lo que se ha ofrecido en papel es ahora mismo una utopía en la realidad del sistema nacional de salud español. ¿Tendrá el médico de familia que acudir a hacer una eutanasia tras una consulta de 50 pacientes? ¿Serán los pocos compañeros que decidan hacerlo tan pocos que ellos también decidan ser objetores de conciencia? Se va a partir de números bajos de médicos no objetores si miramos los resultados de una encuesta que hizo el colegio de Médicos de Madrid con la anterior corporación. Su valor es bajo, la metodología dudosa, recoge el sentir de apenas el 2% de sus colegiados pero este dato es interesante. Menos de un tercio de los médicos encuestados están seguros que no pedirán la objeción de conciencia.

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Una vez que se incluya como una opción más, ¿se va a esperar a que el paciente lo pida o se va a ofrecer como alternativa también? Si se está clasificando al mismo nivel que una radiografía o una apendicetomía, “parte de la cartera de servicios”, ¿habrá que ofrecerlo a pacientes con sufrimiento insoportable? ¿Cuánto y cómo de pronto degenerará esto? ¿Cómo se distingue el papel de paciente de el papel de cliente?

Otro tema inconcluso, la certificación. Los certificados de defunción son documentos de peso, no son solo un simple registro, suponen un control, una forma también de mejorar la sociedad, de entender lo que ocurre con ciertas enfermedades, de hacer estadísticas. Que la ley diga que se considere la eutanasia a todos los efectos como “Muerte natural” y que la contabilización, de haberla, sea a nivel autonómico y no nacional es un despropósito. Nada hay menos natural que una muerte forzada.

Creo que la dicotomía de elegir entre cuidados paliativos y eutanasia es falsa, se está utilizando como parte de la discusión. Pero lo cierto es que unos buenos cuidados paliativos, una buena ley de dependencia que funcione y un replanteamiento de la medicina deshumanizada disminuirían sensiblemente la situación de desamparo y sufrimiento que lleva a la petición de la ley de eutanasia ya aprobada. En España no hay ninguna de las tres, estamos construyendo la casa por el tejado y esto es siempre peligroso. Sin duda siempre quedarán casos de sufrimiento terrorífico que solo puede acabar a través de la muerte, para esos es suficiente la despenalización del suicidio asistido. El suicidio es siempre una salida a una vida no deseada, con y sin ley.

La Medicina con mayúscula va más allá de quienes llevamos la bata blanca en cada momento, la Medicina tiene un compromiso con la sociedad desde que existe, hace 6000 años. Necesita unos principios básicos que sean inamovibles que se mantengan en el tiempo. El Código Deontológico no puede cambiar según decisiones políticas, necesitamos cimientos y seguridades más allá del tiempo y el lugar. “El médico no procurará la muerte, aunque el propio paciente nos lo pida” es parte de nuestro Código Deontológico desde siempre. El código ético de los médicos, más estricto aun que cualquier código penal, es nuestra manera de auto-regularnos, de asegurar una Medicina de excelencia. Si se cambia ese código para acomodar decisiones políticas tan trascendentes, será papel mojado. El médico está para curar, cuidar, acompañar y cuando no se pueda hacer otra cosa, consolar, y también ayudar a morir, pero se romperá el contrato de confianza no escrito si terminar la vida del paciente pasa a ser un Acto Médico. Si esto no lo para, como en Portugal, el tribunal constitucional, no debe haber listas de objetores de conciencia sino justo al revés, lista de profesionales o de personas formadas para este objetivo, que a título personal quieran formar parte de un registro de eutanasiadores . Las bases más primitivas de la Medicina no pueden tambalearse.

Provocar la muerte de un paciente, no debe ser un procedimiento médico.